
Me dirigía a tu dirección, Y el viento húmedo rozaba mis párpados. Nadie caminaba a mí alrededor, Y la oscuridad me escondía en los rincones. Con mi corazón agitado me acercaba, Pero mis ojos nublaban la mirada. Ya mis pies torcían el camino, Estaban casi rendidos. La luna que aclarecía mi imagen, Se apartó un instante en su inmensa extensión. Yo varada en la calle desierta, oí tu voz llamándome. Corrí, y corrí aún más esperando encontrarte. Mis manos rasparon su textura al tocar la pared, Y fueron ellas las que apreciaron tu calor, Fueron mis brazos desnudos acogidos por tu cuerpo. Las luces de la puerta se encendieron, Y nuestros labios en la pasión se fundieron. Fue el momento perfecto: Nuestros suspiros entrelazados apartaron el temor, Ese que al despertar nació en mi interior.
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