
En el muelle se encontraba,
Esperando aquel barco,
Qué lejos lo llevara.
Pero el barco no venía,
Y más triste se ponía,
Ahogando sus penas,
En una inmensa agonía.
Y seguía sentado,
Sobre el borde de madera,
Mientras las horas pasaban,
Y sus lágrimas lo mojaban.
En aquel curso del río,
Que iba y venía en ningún sentido,
Sumergía sus pies cálidos,
Cuando el agua subía.
Pero la mente inocente,
De este pequeño hombre,
Se había nublado de repente,
Y fue cayendo lentamente,
Hacia ese enorme vacío,
Y cuando el barco arribó,
Él ya se había ido.
Febrero 2006
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